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jueves, 24 de mayo de 2012

ANTONIO MACHADO: UN POETA SIEMPRE NECESARIO




Los manuales al uso, los libros de texto, o cualquier página web que podamos abrir para acercarnos a la vida y obra de Antonio Machado comienza refiriendo su fecha de nacimiento y el lugar. Pero sin embargo la mayor significación del poeta y su recuperación como figura poética cumbre no sólo de nuestras letras, sino de la poesía universal, porque no deja Machado de tocar los grandes temas vitales desde las pequeñas cosas, viene de lo que supuso su muerte, lejos de la patria que lo vio nacer: En Collioure, cansado y enfermo, murió el poeta, en Febrero del 39, donde había llegado tras pasar por Valencia y Barcelona, buscando el exilio al que las circunstancias del país lo habían avocado.
Porque aunque Machado fuera sevillano de nacimiento, pronto marchó a Madrid con su familia. Pero es en Castilla, con una cátedra de francés, donde el poeta se siente plenamente castellano. No sólo el poeta, si no más allá de este, el hombre, se identifica con el paisaje sobrio y ocre de lo que se fue y quizá nunca haya dejado de serlo, Castilla la Vieja: los campos, las gentes, la soledad de los páramos, la miseria de los campesinos y el destino de una población que no tiene más futuro que el de sobrevivir, sobrecogen a Machado. Ese espíritu sereno pero también sencillo de las gentes castellanas es la sintonía que siente el poeta para no olvidar nunca aquella tierra. De hecho, su etapa en Soria, coincide con sus grandes poemas, y los que vinieron después ya lejos de tierras castellanas, son sublimes evocaciones a esta época de su vida:
La tierra no revive, el campo sueña. Al empezar abril está nevada
la espalda del Moncayo;
el caminante lleva en su bufanda .
envueltos cuello y boca, y los pastores
pasan cubiertos con sus luengas capas.
También es en Soria donde Machado conoce a Leonor Izquierdo, sobrina de los dueños de la pensión donde Antonio vivía mientras daba clases en Soria. Teniendo tan sólo Leonor quince años, contrajo matrimonio con el poeta. Lo acompañó a París, donde Antonio estaba disfrutando de una beca. Pero Leonor enfermó y volvieron a Soria. La joven murió tan sólo tres años después de conocer al poeta:
“Si la felicidad es algo posible y real - lo que a veces pienso - yo la identificaría mentalmente con los años de mi vida en Soria y con el amor de mi mujer”.

Así, no pudiendo quedarse en Soria, el recuerdo de Leonor lo atormenta, se marcha a Baeza, donde hay una cátedra vacante como profesor de francés, al igual que lo fuera en tierras castellanas. En este periplo Machado escribe poco, se dedica a la enseñanza y al cuidado de su madre. Publica ampliaciones de su “Campos de Castilla” con conmovedoras poesías de evocación a Soria y a su esposa muerta. También son numerosos los poemas que en esos años dedica a figuras de las letras y la cultura de la época, amigos del poeta: Rubén Darío, Unamuno, Juan Ramón o José María Palacio.
ALLÁ, EN LAS TIERRAS ALTAS…
Allá, en las tierras altas,

por donde traza el Duero

su curva de ballesta

en torno a Soria, entre plomizos cerros

y manchas de raídos encinares,

mi corazón está vagando, en sueños...

¿No ves, Leonor, los álamos del río

con sus ramajes yertos?

Mira el Moncayo azul y blanco; dame

tu mano y paseemos.

Por estos campos de la tierra mía,

bordados de olivares polvorientos,

voy caminando solo,

triste, cansado, pensativo y viejo.
            Tardaría Machado doce años en dar otro nuevo libro a la imprenta. Él mismo reconoce que está cansado, que escribe poco.
“Escribo poco y aun esto no muy a gusto” (Carta a Unamuno en 1931)
 Se traslada a Segovia, donde realiza, a pesar de su poca actividad poemática, una intensa labor cultural. “Nuevas canciones” no tiene el impulso motivador de “Campos de Castilla”, es un poemario más heterogéneo, con breves composiciones, descripciones del campo andaluz, aunque ni de lejos con la genialidad con la que compuso los poemas dedicados a las tierras castellanas. También hay pequeñas muestras filosóficas, proverbios que encierran pensamientos profundos encerrados en palabras triviales.

CAMPOS DE ANDALUCÍA

I

Desde mi ventana,

¡campo de Baeza,

a la luna clara !

¡Montes de Cazorla,

Aznaitín y Mágina!

¡De luna y de piedra

también los cachorros

de Sierra Morena!

II

Sobre el olivar,

se vio la lechuza

volar y volar.

Campo, campo, campo.

Entre los olivos,

los cortijos blancos.

Y la encina negra,

a medio camino

de Úbeda a Baeza.

III

Por un ventanal,

entró la lechuza

en la catedral.

San Cristobalón

la quiso espantar,

al ver que bebía

del velón de aceite

de Santa María.

La Virgen habló:

Déjala que beba,

San Cristobalón.

IV

Sobre el olivar,

se vio la lechuza

volar y volar.

A Santa María

un ramito verde

volando traía.

¡Campo de Baeza,

soñaré contigo

cuando no te vea!

V

Dondequiera vaya,

José de Mairena

lleva su guitarra.

Su guitarra lleva,

cuando va a caballo,

a la bandolera.

Y lleva el caballo

con la rienda corta,

la cerviz en alto.

VI

¡Pardos borriquillos

de ramón cargados,

entre los olivos!

VII

¡Tus sendas de cabras

y tus madroñeras,

Córdoba serrana!

VIII

¡La del romancero,

Córdoba la llana!...

Guadalquivir hace vega,

el campo relincha y brama.

IX

Los olivos grises,



los caminos blancos.

El sol ha sorbido

la calor del campo;

y hasta tu recuerdo

me lo va secando

este alma de polvo

de los días malos.

PROVERBIO
Es el mejor de los buenos
quien sabe que en esta vida
todo es cuestión de medida:
un poco más, algo menos...

A partir de 1924, su producción ya es muy escasa. Diversas reediciones de sus poesías y el “Cancionero apócrifo de Juan de Mairena y Abel Martín”, poetas de su invención. Y composiciones dedicadas a Guiomar, tardío amor hacia Pilar Valderrama.

CANCIONERO DE JUAN DE MAIRENA.

¿Un arte proletario? Para mí no hay problema. Todo arte verdadero será arte proletario. Quiero decir que todo artista trabaja siempre para la prole de Adán. Lo difícil sería crear un arte para señoritos, que no ha existido jamás.

Machado ya no se encuentra en sintonía con las nuevas corrientes. Los movimientos de vanguardia no encuentran hueco en su actitud vital hacia la poesía ni las vanguardias se identifican con el sentimiento de una poesía que canta a los grandes temas desde que el mundo es mundo, desde que la poesía es poesía: el amor, la muerte, el paso del tiempo. La función de la poesía es para el poeta el diálogo del hombre, de un hombre con su tiempo. La figura de Machado es respetada, su magisterio oído, pero las Vanguardias y los nuevos poetas que se darían en la Generación del 27 van por otros derroteros.

Cuando estalla la guerra, Machado quiere ser poeta cívico y bélico, del lado de la España republicana. Surgen sus Poesías de guerra: en tono de arenga, coplas, sonetos,  romances al paisaje valenciano, a donde se ha trasladado evitando el tumulto y la confusión en Madrid.

LA MUERTE DEL NIÑO HERIDO.
Otra vez en la noche...Es el martillo
de la fiebre en las sienes bien vendadas
del niño. - Madre, ¡el pájaro amarillo !
¡Las mariposas negras y moradas !
-Duerme, hijo mío.- Y la manita oprime
la madre, junto al lecho. - ¡Oh flor de fuego !
¿Quién ha de helarte, flor de sangre, ¿Dime ?
Hay en la pobre alcoba olor de espliego ;
fuera, la oronda luna que blanquea
cúpula y torre a la ciudad sombría.
Invisible avión moscardonea.
-¿Duermes, oh dulce flor de sangre mía ?
El cristal del balcón repiquetea.
¡Oh fría, fría, fría, fría, fría !

La Guerra ya está tocando a su fin y  Machado se marcha a Francia, en España ya no hay cabida para poetas como él. Tras una breve estancia en Barcelona, recala en el pueblecito costero  de Collioure, en compañía de su madre. Son acogidos en un hotelito de la localidad, donde el poeta muere pocos días después. Su madre lo acompañaría tres días más tarde.
Cuando murió Machado se le encontró en el bolsillo un papelito arrugado. En él, escrito a lápiz, junto a otras notas, figuraba un verso destinado, sin duda, a un nuevo poema. Es su último verso:

“Estos días azules y este sol de la infancia”.

Machado fue un hombre sencillo, sobrio, que estuvo siempre a la altura de las circunstancias. De carácter tranquilo y ajeno, cuando no ruborizado, a todos los homenajes que en vida recibió. Tuvo en él mismo la capacidad de hacer pensamiento con la palabra, describir al ser humano a través de una poesía entendida y entendible, y fue capaz de conectar sensibilidades dispares sin él pretenderlo a través de su labor y por ende, de su trayectoria vital.

Unos se marcharon de un país al que no volvieron o volvieron muchos años después con las cicatrices abiertas, otros se quedaron soportando el envite de las circunstancias y adaptando su vida y su quehacer al páramo cultural que quedó tras la guerra. Otros murieron, en su tierra o lejos de ella como es el caso de Machado. Hay un lugar donde recordarle, una tumba a la que llevar flores. Pero tras el paso de los años, nunca llorarle, porque el maestro no hubiera querido siquiera, llamar la atención de tan triste manera. No quiso ser mártir, no quiso hacer banderas ni de una causa ni de la contraria. Sólo quiso ser, y ya era todo un logro: “En el buen sentido de la palabra, bueno”. Por todo ello, su persona y su figura, que es toda una, son siempre y sean cuáles sean las circunstancias, necesarias.


EN COLLIOURE. (Joan Manuel Serrat)

Soplaban vientos del sur
Y el hombre emprendió el viaje.
Su orgullo, un poco de fe
Y un regusto amargo fue
Su equipaje.
Miró hacia atrás y no vió
Más que cadáveres sobre
Unos campos sin color;
Su jardín sin una flor
Y sus bosques sin un roble.
Y viejo,
Y cansado
A orillas del mar
Bebiose sorbo a sorbo su pasado.
Profeta
Ni mártir
Quiso Antonio ser:
Un poco de todo lo fue sin querer.
Una gruesa losa gris
Vela el sueño del hermano.
La hierba crece a sus pies
Y le da sombra un ciprés
En verano.
El jarrón que alguien llenó
De flores artificiales,
Unos cuervos y un clavel
Y una rama de laurel
Son las prendas personales,
Del viejo
Cansado
Que a orillas del mar
Bebiose sorbo a sorbo su pasado.
Profeta
Ni mártir
Quiso Antonio ser:
Y un poco de todo lo fue sin querer.

Enlaces de interés.
http://amediavoz.com/machado.htm

Libros de consulta.
- Tusón, Vicente y Lázaro, fernando (1995): Literatura del Siglo XX. Madrid. Grupo Anaya.
- Alvar, Mainer, Navarro (2000): Breve historia de la literatura española. Barcelona. Alianza editorial.
- Serrat, Joan Manuel (2008): Algo personal. Madrid. Temas de Hoy.